El asombro tiene una dimensión afectiva. En este espectro vincular se hace fundamental el compromiso de los adultos acompañantes por favorecer el asombro. Y es que si queremos protegerlo y propiciarlo, es indispensable generar un ambiente de complicidad y una actitud empática con los niños en aquello que suscita su atención y curiosidad. En eso que les maravilla. No olvidemos que el mundo es para ellos un lugar donde todo ocurre por primera vez
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