Ya María Montessori recomendaba negarle desde temprana edad, mínimo tres cosas para que desarrollen la tolerancia a la frustración. El no desarrollarla nos acarrea una serie de comportamientos como por ejemplo: La procrastinación, muchas personas se acostumbran a gestionar la frustración yendo a aquello que proporciona un cierto alivio inmediato: no afrontando esas tareas o responsabilidades, dejándolas para “otro momento”. No caer en estas dinámicas permite hacerlo todo cuando toca, y de paso gozar de un mejor bienestar emocional.
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